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lunes, 26 de mayo de 2014

Charla informativa sobre Madres de Día y Sesión de Playgroup Valencia



Bueno, y llega el calor y el veranito se acerca, pero antes de tomarnos un descanso, desde Playgroup Valencia, vamos a ofrecer algunas actividades más desde Playgroup Valencia...

Si vas a tener un bebé o acabas de tenerlo, te preocupa qué hacer una vez finalice tu baja maternal y buscas un lugar para tu peque donde se respeten sus ritmos y necesidades en un ambiente cercano y hogareño...

Ven el viernes 13 de junio por la tarde a la próxima Charla Informativa impartida por varias Madres de día de la Red de Madres de día. Luego habrá sesión de playgroup con cuentos, juegos y canciones en inglés.

¡Os esperamos!

miércoles, 23 de abril de 2014

Taller de Crianza Instintiva (y presentación de "El juego libre: fuente de felicidad")


¡Sí!

Desde Playgroup Valencia estamos organizando algunos talleres junto con la Llibreria Les Paraules que creemos que os van a gustar, pues a nosotr@s nos está entusiadmando prepararlos con todo el mimo que merecen, a fuego lento...

La primera actividad tendrá lugar el viernes 9 de mayo por la tarde y consistirá en la presentación del libro de Carmen Cabrera titulado "El Juego Libre: Fuente de Felicidad" y el taller relacionado que tendrá lugar a continuación sobre "Crianza Instintiva a pesar del entorno".

Aquí os dejamos más información y el cartel con la información principal.



La Llibreria Les Paraules se encuentra junto a parada de MetroBus, EMT (línea 27) y estación de tren (Alfafar-Benetússer), por lo que es muy fácil acceder a ella en transporte público también.

¡Esperamos veros prontitoooo!

Información ampliada sobre la actividad:

PRESENTACIÓN DEL LIBRO "EL JUEGO LIBRE: FUENTE DE FELICIDAD"

El juego libre es y ha sido la principal actividad de las niñas y los niños de todos los tiempos y lugares del mundo, pero en los últimos años ha sido desplazado por actividades dirigidas y enfocadas a cumplir objetivos. Las consecuencias sobre la vida emocional, psicológica y social de las personas puede llegar a ser de gran magnitud, ya que la continua represión del deseo de jugar apaga la alegría y disminuye la capacidad de tomar decisiones por uno/a mismo/a. Esto afecta a la autoestima, a la capacidad de entusiasmarse por algo y a las relaciones sociales, y deteriora la confianza en uno/a mismo/a y en los demás.
Este libro pretende, no solo ayudar a devolver el juego libre, el juego no dirigido, a las niñas y a los niños, sino también mostrar a madres, padres, educadores, maestros..., los beneficios que aporta a la convivencia y al desarrollo personal y también la relajación que implica adentrarnos en este maravilloso mundo del juego.

Compartir tiempo en familia con una actividad común, sin prisas ni objetivos, se podría convertir en un gran reto para aquellas familias que buscan un cambio hacia un mayor bienestar y una convivencia satisfactoria.”



TALLER "CRIANZA INSTINTIVA A PESAR DEL ENTORNO"

En los últimos años han proliferado libros, manuales, charlas, talleres y cursos sobre maternidad y crianza. El fenómeno de la crianza instintiva está siendo una opción cada vez más habitual, pero la falta de referentes hace que nuestras dudas e inseguridades nos expongan en demasía a críticas e interferencias de nuestro entorno más próximo.

Hay muchas madres y muchos padres que se encuentran solos en su opción de crianza, ya que les falta este importante apoyo de familia, vecindad, profesionales y círculo de amigos. En muchas ocasiones esto nos hace dudar de nuestra manera de relacionarnos en familia y de si hacemos bien en seguir al instinto.

La hostilidad y las opiniones contrarias no son fáciles de afrontar, por lo que proponemos este taller participativo en el que hablaremos de diferentes cuestiones, como: ¿qué significa “crianza instintiva”?, todas las madres saben criar a sus hijos, tengo muchas dudas... ¿a quién acudo?, puesta en común sobre las principales críticas del entorno.

Es un taller dirigido a padres, madres y cuidadores, no solo de niños pequeños, ya que las dudas aumentan con la edad de los niños.
Durante el taller surgen distintas dudas y testimonios que dan lugar a elaborar ideas de cómo afrontar las críticas y la hostilidad que nos hace llegar el entorno y seguir en nuestro camino de la crianza instintiva más fortalecidos/as y seguros/as, en beneficio siempre de nuestros hijos e hijas.







miércoles, 9 de diciembre de 2009

La guardería no puede criar saludablemente a un bebé


Eulàlia Torras de Beà, psicoanalista y psiquiatra infantil

VÍCTOR-M. AMELA LA CONTRA DE LA VANGUARDIA - 23/11/2009

Soy lo bastante mayor para acumular experiencia y lo bastante joven para seguir aprendiendo. Soy de Barcelona. Soy médica, psiquiatra y psicoanalista. Estoy casada y tengo tres hijos y seis nietos. ¿Política? Favorable a los más necesitados. ¿Dios? Eso son cuestiones privadas

¿Qué tiene de malo una guardería?

Es algo que necesitan los padres..., pero no es lo que necesita un bebé

. ¿Y qué necesita un bebé?

La cercanía cálida, constante y segura de sus amorosos padres.

Pero si los padres no pueden...

Dejan a sus bebés cada vez más tempranamente en guarderías, sin calibrar las consecuencias...

¿A qué edad entran los bebés en guarderías?

¡Con cuatro meses! Algo impensable hace 40 años...

¿Y qué consecuencias tiene esto?

Mala crianza. Asumimos como normal que nuestros bebés enfermen, ¡y no lo es!

¿Enferman por culpa de la guardería?

Multiplica las posibilidades de enfermar: el bebé está más expuesto a gérmenes... y, sobre todo, más propenso a toda afección.

¿La guardería acentúa la propensión a enfermar del bebé?

Sí. El propio hogar, los brazos de mamá y papá, un círculo reducido de personas... ¡eso es lo que fortalece emocional, cognitiva y físicamente al bebé! La guardería, en cambio, puede comprometer su desarrollo.

¿Tanto como eso?

El ingreso en la guardería lo hace retroceder temporalmente en competencias que está adquiriendo, como hablar, caminar...

¿Por qué?

Un entorno estable proporciona seguridad al bebé, seguridad que lo anima a explorar: así madura bien. Alterar su entorno le resta seguridad, lo que frena su desarrollo.

¿No está dramatizando, doctora?

Lo confirman los últimos hallazgos en neurociencias y psicología evolutiva.

¿Me los resume?

De los cero a los dos años, cuando más plástico es el cerebro, las neuronas del bebé se desarrollan según la calidad de los estímulos que recibe por interacción con las personas centrales de su mundo: abrazos, achuchones, caricias, risas, balanceos, movimientos, sonidos, voces, cantos, palabras, mimos, cariños, músicas, olores, colores, sabores...

¿Y besos?

Y besos. Todo eso sofistica y enriquece su sistema neural y nervioso, el sistema desde el que establece su relación emocional y cognitiva con el mundo y consigo mismo.

¿La guardería no da esos estímulos?

Imposible en grado óptimo, improbable en el necesario, difícilmente con la intensidad y calidad de unos papás atentos y amorosos.

Ya no existen a tiempo completo.

Y quizá por eso llegan cada día a las consultas más psicopatologías en niños cada vez menores... ¡España es ahora el tercer país que más psicofármacos receta a menores! Cortamos síntomas sin analizar causas.

También padecemos en España un elevado fracaso escolar.

Tampoco analizamos causas, preferimos castigar o etiquetar: "trastorno por déficit de atención e hiperactividad", y medicar.

Ir pronto a la guardería ¿no garantiza una mejor escolaridad ulterior?

No. Hay que escolarizar al niño justo cuando empieza a quedársele pequeño su hogar.

¿Y a qué edad sucede eso?

No antes de los tres años.

¿Tan tarde?

En Finlandia los padres no están obligados a escolarizar a sus hijos ¡hasta los siete años! Y Finlandia es el país con menos fracaso escolar de Europa, vea el informe PISA.

Seguro que concurren otros factores...

El principal es que el Estado sufraga durante el primer año a los padres. Y luego permite horarios laborales intensivos o reducidos. Así, ¡los padres pueden criar a sus hijos! Y un niño bien criado en casa llegará a la escuela muy estimulado, con ganas de descubrir. Y aprenderá más y mejor.

O sea, que deberíamos mimar al bebé.

Atender sus necesidades de hambre, sueño y - sobre todo-cariño. No es sobreprotegerlo, ¡es protegerlo de lo que vendrá! Porque el niño así criado gozará de estabilidad emocional, autoestima y coherencia: estará bien preparado para los reveses que vendrán.

¿Y no será así si se ha criado con mucha guardería o en un orfanato?

La pobreza de estímulos empobrece su desarrollo: serán niños poco orientados, intemperantes y más agresivos, más vulnerables a la frustración, más depresivos...

Diga algo bueno de las guarderías.

Muchas tienen excelentes cuidadoras, pero repartirse entre tantos niños imposibilita la calidad de la atención personalizada.

Mejor una guardería que algún hogar.

Ante un hogar con abandono, conflicto permanente y agresividad crónica, ¡mejor una guardería, sí! La guardería es útil en ciertos casos y momentos, pero no es la opción principal para criar saludablemente a un bebé.

Envíe un mensaje a los padres.

Uno de la doctora Julia Corominas: "Dedicar tiempo a los hijos de pequeños os ahorrará mucho tiempo cuando sean mayores". Ahorro en salud física, mental y emocional.

¿Qué haría si mandase en España?

En vez del populismo político de inaugurar guarderías, subvencionaría a los padres para que dedicasen tiempo a criar a sus hijos hasta los tres años: ¡eso sí sería progresista!

En algo sí habremos progresado en los últimos 40 años..

Sí: en conocimiento. Sabemos cómo optimizar el desarrollo de los niños. ¿Por qué no lo aplicamos? ¿Queremos su felicidad futura?

lunes, 30 de noviembre de 2009

Las mujeres de los países ricos vuelven a tener hijos



Toda una lección escuchar a esta experta en demografía hablar de la evolución de las sociedades: matrimonios, fecundidad, gente mayor… Tenemos que cambiar muchos prejuicios.

Solemos desconocer cómo incidimos en eso que se llama demografía, que no es otra cosa que la plasmación en datos de decisiones personalísimas de los individuos. Y también cómo la demografía influye en nosotros, en lo más íntimo de nuestras vidas. En si nos casamos o no, si usamos o no anticonceptivos, tenemos más o menos hijos, o logramos más o menos oportunidades laborales o educativas. Pero seguir la demografía española con Anna Cabré es seguir la reciente historia de España de una forma que atrapa. Cabré relaciona los aburridos gráficos de campanas y pirámides con el matrimonio precoz que había en España en los años setenta, una forma de emancipación de las mujeres que no podían irse de casa si no era para casarse o hacerse monjas; con el retraso indefinido de la juventud actual que llega tarde a la maternidad, o con el futuro de una población en aumento de mayores cada día más educados, exigentes y urbanos, que terminarán por contar mucho, y no sólo en la política de pensiones.

Combativa, vital, optimista, tenaz, incluso desafiante en sus ideas profesionales que puede mantener contra viento y marea –como hace una década cuando, contra todo pronóstico, decía que la fecundidad en España no seguiría bajando–, la demógrafa y catedrática Anna Cabré es, a sus 66 años, directa y ocurrente.

Cabré dirige desde su creación, hace 25 años, el Centro de Estudios Demográficos, un centro de investigación vinculado a la Universidad Autónoma de Barcelona, que figura entre los cinco primeros de Europa en su género. Lo enseña con mimo como quien muestra una bonita casa a los amigos, y habla de sus doctorandos como de las niñas de sus ojos. Y al terminar la entrevista refunfuña: “Creo que hemos hablado poco del CED y demasiado de mi vida remota, con la que apenas me identifico”.

Tose sin parar porque ha vuelto resfriada de un viaje relámpago a EE UU para ver a su nuevo nieto, y arrastra una voz cazallera: “los enseñantes acabamos pagando con la voz”. No quiere hablar de su vida personal, pero una vez apagada la grabadora habla sin reparos de su familia catalana. De la bisabuela, que tras enviudar joven dejó a sus hijos y se marchó a un convento de clausura para cumplir su vocación de niña; de su abuelo libertario, al que apodaban L’humanitari; de las comidas de domingo en casa de los abuelos escuchándoles historias de la Guerra Civil, mientras intentaba que sus padres y tíos le explicaran por qué habían perdido la guerra. “Es que no lo podía entender, siempre me contestaban que ellos no habían matado a nadie, y, claro, llegué a la conclusión de que habían perdido la guerra porque mataban poco…”. Y también habla de sus matrimonios (“bueno, con mi segunda pareja no me casé”), de sus dos hijos –ella vive en Ginebra; él, en Estados Unidos– y sus tres nietos.

En 1961 se fue, con 17 años y una beca, a estudiar preuniversitario a Estados Unidos, “entonces era como ir ahora a la estación espacial…”. Al volver, con 19 años, se casó con un español que tenía estatuto de refugiado político en Francia y se marchó a vivir a París. Allí descubrió la demografía leyendo un día en la peluquería un artículo de Louis Henry, que luego sería su profesor en la Sorbona, donde estudió Ciencias Políticas y Económicas. Y allí, en París, vivió en primerísima línea el Mayo del 68, acontecimiento del que asegura tener un recuerdo muy poco heroico. “Los hombres y las chicas solteras se iban a las barricadas mientras las casadas hacíamos bocadillos y cosíamos a máquina máscaras antigás…”.

Aquellos sueños de cambiar el mundo fueron por otros derroteros, ¿le gusta en lo que quedaron? Si lo que algunos queríamos entonces, la dictadura del proletariado, el centralismo democrático, etcétera, hubiera ocurrido, sería para pegarse un tiro. ¡Menos mal que algunas cosas de la izquierda no salieron! Prefiero la evolución que ha habido a la que quería entonces, porque además no era lo que yo quería, sino lo que me habían dicho que tenía que querer. Yo aspiraba a que hubiera justicia, que no hubiera pobreza ni desigualdades, tenía un ideario de buena voluntad, pero entonces decían que eso era pequeñoburgués, y que para hacer tortillas había que romper huevos… Que luego todo eso no haya funcionado, la verdad, me produce cierto alivio. La evolución que ha habido no está mal, sobre todo en un país como España, ¡quién la ha visto y quién la ve! Ahora vas a otros países que han estado mucho más adelantados y a veces te sorprende cierto aire de vetustez. Yo creo que éste es un país que está muy bien. Ya sé que no se lleva, pero la evolución ha superado todas mis expectativas. Además, considero un privilegio haber llegado a la edad de jubilación sin haber vivido una guerra.

Hace una década auguraba, contra viento y marea, que la natalidad en España no iba a bajar más, sino a crecer, y acertó. Ahora el Instituto Nacional de Estadística (INE) dice que a partir del próximo año volverá a bajar, y en 2017 se estabilizará. ¿Está de acuerdo? A ver, lo que sabemos es que la natalidad ha subido, y hay elementos para pensar, sobre todo por la crisis, que puede no seguir subiendo, pero la evolución futura no la sabe nadie. Lo que puedo decir es que en estos momentos en todos los países europeos prácticamente, y en América del Norte y Oceanía, se observa un repunte general de la fecundidad, que se habría visto antes si no estuviéramos obsesionados con el famoso 2,1 hijos por mujer, que es algo teórico que se aplica a poblaciones teóricas. Pero en una población real de las características de la nuestra, donde hay unos ritmos increíbles de mejora de la esperanza de vida, para que la población se mantenga no se necesita una tasa de 2,1 hijos, sino menos. Al tener esta especie de referencia inalcanzable no se notan los cambios, y parecería que el 1,15 es lo mismo que el 1,45, y hay una diferencia notable. Pero en la última conferencia de población celebrada en Marraquech (Marruecos) el ambiente había cambiado por completo. No sólo se destacó que estaba aumentando la natalidad en los países avanzados, y que no se veía como algo esporádico, sino como el inicio de una nueva tendencia.

Entonces podemos hablar también de ‘brotes verdes’ en la natalidad de los países ricos. Se habló de revisar las proyecciones que dan a Europa una población decreciente en el siglo XXI, porque si mejora la fecundidad quizá no sea decreciente. Hay un artículo muy bonito, publicado en Nature, donde se muestra de forma incontrovertible que hay una relación entre desarrollo humano y fecundidad. Los autores cogen el índice de desarrollo humano –que contempla una serie de variables, educación, sanidad, etcétera– y lo ponen en relación con la fecundidad, y observan que, con datos de hace 20 años, cuanto más alto era el desarrollo humano, más baja era la fecundidad sin excepciones. Pero con datos actuales y en países donde hay un desarrollo humano muy elevado, superior al 90% –España está entre los 20 países que superan el 90%–, resulta que, pasado ese dintel, los efectos son de signo contrario. Y no sólo es así, sino que el ritmo de aumento es más rápido que cuando era a la inversa. Y dicen los autores que posiblemente Europa pueda conocer una nueva primavera de fecundidad que echaría por tierra las previsiones catastrofistas. Las mujeres de los países ricos vuelven a tener niños.

¿Y por qué ha cambiado una situación que en las últimas décadas parecía inamovible? Salvo las excepciones de países del Extremo Oriente, como Japón o Corea, en el resto se da una muy buena asociación entre lo que es desarrollo humano e igualdad entre los sexos, de forma permanente. Creo que hay dos cambios fundamentales. En la esfera pública, la participación de la mujer en el mercado del trabajo en condiciones de autonomía; y dentro de las familias, una igualdad no sólo jurídica, de derechos, sino un reparto equitativo de las cargas y una participación igualitaria en la toma de decisiones. ¿Quién recuerda lo que eran las familias de antes? Yo tengo una amiga que cuando le preguntaban en broma a su hijo pequeño: ¿en tu casa quién manda?, respondía: ¿quién manda qué?; es decir, no entendía la idea. Hoy los que no están muy informados se encuentran con la sorpresa de que los países con mayor fecundidad son aquellos donde las mujeres trabajan más, cuando siguen anclados en la idea de que para que nazcan niños necesitas tener a las mujeres en casa.

Pero hasta ahora, en España, a mayor igualdad de género, a mayores estudios y posibilidades laborales de la mujer, parece que se ha ido a menor natalidad . Hasta un punto, sí. Pero ¡cuidado!, porque cuando bajaba la fecundidad en España bajaba en todas las categorías sociales. Y ahora se observa en Europa que las mayores recuperaciones se dan precisamente en las mujeres con estudios y empleo. Es decir, que mientras se está en un Estado donde coexisten modelos tradicionales y nuevos, donde no se sabe cuáles son las reglas del juego, la situación es muy desfavorable para que nazcan niños, porque no existen los equipamientos, las leyes y costumbres que permitan conciliar, a ambos sexos, la vida familiar y laboral. Por eso se sigue hablando de conciliación como una cosa de mujeres, como si sólo las mujeres tuvieran que conciliar y los hombres no. Mientras se vea así, no es serio.

No será serio, pero, en España, hablar de conciliación sigue dando mucha risa… Hay países, como los germánicos, donde prácticamente hay muy pocas madres que trabajan, y las que lo hacen es a tiempo parcial, y se considera que en las casas tiene que haber alguien siempre. Y hay países donde en las casas no hay nadie. Y están organizados de formas distintas. En España, durante los últimos años se ha funcionado como si en las casas tuviera que haber alguien cuando no había nadie porque estaban trabajando los dos miembros de la pareja. Y en esta situación no se pueden tener niños porque la sociedad no está organizada para que los dos trabajen. Entonces, cuando los dos trabajan tienen unos ingresos que les permiten un nivel de vida que no se pueden permitir cuando sólo trabaja uno, y éstos tienen una disponibilidad de tiempo que los otros no tienen. Todos están carentes de algo. Los que sólo tienen un empleo no pueden tener niños porque no se los pueden pagar, y los que tienen dos empleos no tienen tiempo para los hijos. Cuando hombres y mujeres coexisten en el mismo mercado de trabajo y se impone el modelo masculino, las mujeres salen muy perjudicadas. Porque el tipo de currículo masculino es: deprisa, deprisa, deprisa; compite, compite, compite, que no haya tiempos muertos, sobre todo que no haya vacíos en el currículo, y límite de edad. Y eso es terrible para las mujeres.

Pues no parece que, por ahora, esté cambiando ese modelo… La idea de que o coges el último tren o no pasan más es terrible. A mi modo de ver, una política de igualdad, entre otras muchas cosas que se quieren hacer, también tendría que admitir distintas velocidades. Mi lema es que pasen trenes a todas horas, a los 30, a los 40 y a los 45 años. Seguramente los de los 30 los cogerán más hombres que mujeres, pero a los 40 quizá sea al revés. Y pienso que debería suprimirse el límite de edad en los concursos, en las becas, en los trabajos. Esta obligación de llegar cuanto antes a base de dar codazos al vecino es nefasta. Y ésa es también una forma de conciliación que tendríamos que reclamar, que haya tiempo para el trabajo, para la familia, por etapas. Porque mientras los niños son pequeños, puedes querer trabajar a medio gas, pero luego no. Y no me importa que hombres y mujeres no lo hagan de la misma manera, porque su uso de la edad no es el mismo. No se puede forzar a las mujeres a que compitan igual, meterlas en un currículo hecho sobre la edad de una biología masculina.

¿La crisis económica no va a afectar, a corto plazo, a esas predicciones optimistas de natalidad? No lo sabemos, porque no podemos saber qué magnitud va a tener y los años que puede durar. Con el impacto en el empleo está claro que tiene que haber efectos, por una parte, reduciendo la inmigración, y por otra, posponiendo algunos nacimientos o dejando en suspenso algunos proyectos de tener hijos; pero si va a ser muy profunda o no, nadie lo sabe. Esta crisis cae sobre una población donde el grupo de edad más numeroso es el de 30 a 40 años, y éstos ya pospusieron antes, ya se han hipotecado y no disponen de un tiempo ilimitado para tener hijos. Si va la cosa muy mal, los efectos pueden ser graves, porque esta población de más de 30 años va a encontrar dificultades para tener los hijos.

¿No ha sido la inmigración la principal causa del aumento de la natalidad española en los últimos años? Los nacimientos son proporcionales a la población, y como la población extranjera ha aumentado y es mucha más la de edad fecunda, pues los nacimientos han aumentado mucho. Las inmigrantes tienen más hijos que las españolas, pero no todas. Las mujeres del Este en general tienen una fecundidad más baja que las españolas. Además, esa diferencia quizá sea temporal, porque es habitual después de una emigración, cuando se llega a un nuevo país y una nueva casa, tener algún hijo.

La edad media de maternidad de las españolas se fija en los 31 años. ¿Es una buena edad? Siempre digo que, desde el punto de vista profesional, no hay buenos momentos para tener hijos… Yo tuve a mi hija a los 19 años, y el primer día que fui a la Universidad fue el primer día que ella, con dos meses, fue a la guardería. Los hijos siempre interfieren, aunque esta idea misma de interferir es un poco aberrante, porque si tienes hijos es para que ocupen tu vida y tu tiempo, y el buen momento para tenerlos no existe si no das a los hijos el valor que tienen en tu biografía. Si crees que es algo de segunda importancia respecto a tu profesión, siempre estarán sobrando. Yo creo que ese aumento de la fecundidad con la mejora del desarrollo humano responde a un cambio de valores, a dar mayor importancia a la vida familiar, a la vida personal, a los niños considerados como calidad de vida. Puedes plantearte trabajar menos horas y gastar más en niños. Pero si el tener esos niños defenestra para siempre tu trabajo, y por eso pierdes tu autonomía personal, es lógico que, en defensa propia, procures tener los menos niños posible. Por tanto, no es cuestión de cuántas horas, tiempo o dinero se invierten, sino qué cambio representan esos niños en la biografía de los padres, y en especial de las madres.

¿Cuáles son, de cara al futuro, los temas demográficos que le parecen más apasionantes? Lo de los brotes verdes en natalidad es muy importante, porque cuando de repente ves que, unido al desarrollo humano, aumenta el gusto de la gente por los niños y las familias, y que de resultas de esto, con una inmigración moderada, las poblaciones de Europa se pueden mantener en vez de decrecer, pues suena a música celestial. Y están los grandes temas de la longevidad. La esperanza de vida ha ido aumentando en los países punteros, en los últimos cien años, dos años y medio por década, y sigue aumentando a este ritmo. Y algunos especialistas dicen que España, que ya está entre los cinco primeros países, puede ser el país con la mayor esperanza de vida en el mundo. Y me complace decirlo.

Eso nos obliga a replantearnos muchas cosas, ¿no? A mí a lo que me obliga es a plantear que eso no decaiga, que si estamos a punto de ser los primeros en esperanza de vida, no nos quedemos atrás. Y hay que decir que en el mundo no hay un sistema de salud tan universal y generoso como el nuestro, de calidad y puntero en aspectos como los trasplantes. Me gustaría que España llegara a tener la mejor esperanza de vida del mundo, y espero que no decaigan los esfuerzos por mantener un sistema de salud universal y de calidad. El tema es que si, como pasa ahora, seguimos aumentando dos años de esperanza de vida por década, tenemos que plantearnos qué hacemos con la gran cantidad de personas mayores que vamos a ser.

La sociedad actual no está preparada, pero nosotros tampoco… Hay dos maneras de verlo, y es bueno que se vean. Una es preguntarnos qué se hace con la población mayor, y yo creo que lo primero que hay que hacer es empezar a subdividirla. Las personas hasta 75 años no son viejas; las de 75 a 90 son viejas, y las de 90 en adelante, muy viejas. Poner en un mismo paquete a los de 65 y los de 90 años es confuso. Si a una persona de más de 95 la recuerdas a los 75 o 65, verás que son situaciones muy distintas, sus problemas, relaciones, modo de vida, y no se pueden echar al mismo saco. ¿Qué hacemos? Cómo gestionar el número y proporción de mayores es un tema de población. Y el otro tema, que afecta a los individuos, es cómo gestionar los años de vida de los 65 en adelante, que pueden ser 40 años tranquilamente. Y cómo vamos a vivir cuando seamos mayores depende de muchas cosas, de lo que hayas cotizado a la Seguridad Social, de los kilos que tengas, de la salud, de los hijos que hayas tenido y si pueden ser una ayuda o una carga… Todo esto lo haces entre los 25 y 65 años, pero los resultados los puedes vivir entre los 65 y los 100, y son demasiados años para que vayan al saco de lo común y se consideren todos como una carga. La reestructuración de las distintas etapas de la vejez, haciéndolas socialmente integradas, creo que es un gran reto para los países ricos de poblaciones maduras. El gran problema mundial es la diferencia entre los países pobres y ricos con sus correlatos demográficos. Tener acceso a cosas básicas como la salud, el agua, la educación, a veces a la simple supervivencia medioambiental, es esencial.

Al vivir en el lado rico, todos nosotros podríamos llegar a esa franja de “muy viejos”, a los 100 años. ¿Le gustaría? El tema, en esta última etapa de la vida, es que uno está obligado a plantearse su muerte con una incertidumbre, no sabes si vas a vivir mucho o poco, pero te lo planteas. En la vida hay hitos: te casas o emparejas, tienes hijos, alcanzas un nivel profesional, te jubilas… Los hitos que uno tiene a partir de la jubilación son menores y el único realmente importante es morirse. Todo el tiempo desde la jubilación hasta el final es la preparación psicológica para morirse, y no puede ser lo único para un periodo tan largo. La cuestión es qué hacemos con esos años.

¿Usted lo tiene claro? Creo que es un gran terreno por explorar. Hasta ahora, las experiencias de grandes edades eran muy minoritarias y se perdían, no eran transmisibles, pero ahora va a ver mucha gente de estas edades y hay que sacar un compendio de buenas prácticas, de cómo vivir los 80 o los 90, porque los 70 se viven solos y con muchas actividades. Pero de los 80 en adelante, ¿qué se puede hacer que sea bueno para uno mismo y la sociedad, que no sea gravoso? Ése es un campo de estudio. Por ejemplo, un tema interesantísimo es la relación de los bisabuelos con los bisnietos. Yo tengo mi propia teoría sobre esta situación.

Soy toda oídos. La solución, para mí, es ir posponiendo los límites de edad. En lugar de ser viejo a los 65, serlo a los 70, y luego a los 75, y desarrollar la juventud. Pero hay dos obstáculos: uno de tipo biológico, la fecundidad femenina, y otro, la rigidez de la edad de jubilación. Pero éste no es un tema demográfico, es económico y laboral.

Una referencia catalana

Anna Cabré (Barcelona, 1943) es catedrática de Geografía de la Universidad Autónoma de Barcelona y, desde 1984, directora de su Centro de Estudios Demográficos. Estudió Ciencias Políticas y Económicas en la Sorbona de París, donde vivió 14 años. Ha sido profesora en las universidades de Montreal, Chicago, la Sorbona, Nanterre y México, y autora de innumerables artículos y trabajos sobre demografía. Se la considera una experta en la dinámica de los mercados matrimoniales.

Baja fecundidad y alta inmigración


Cabré es una referencia obligada al hablar de la demografía histórica catalana, sistema que define como de baja fecundidad y elevada inmigración: “Mi teoría es que todo país que escolariza al 100% de sus jóvenes hasta los 16 años, y una parte importante sigue hasta los 23, es importador de mano de obra”.

http://www.elpais.com/articulo/portada/mujeres/paises/ricos/vuelven/tener/hijos/elpepusoceps/20091129elpepspor_6/Tes

jueves, 26 de noviembre de 2009

Educar en casa


DOS MIL FAMILIAS ESPAÑOLAS OPTAN POR FORMAR A SUS HIJOS EN CASA

La educación en familia es una práctica que todavía no está regulada legalmente. Las familias piden una regulación que equipare a sus hijos con los otros alumnos

Mercé Beltrán, Barcelona

Educar en casa y, por tanto, al margen de las aulas. Esta es la opción alternativa al sistema educativo oficial por la que han apostado y apuestan unas 2.000 familias españolas, 500 de las cuales están en Cataluña. Son las cifras estimativas –no existe un censo oficial que las certifique– que manejan las distintas asociaciones en las que se cobija la mayoría de las familias que han "objetado" de las aulas por razones pedagógicas y académicas, ideológicas o religiosas. La educación en casa no está legalizada en España, pero tampoco puede considerarse ilegal.

Aunque la ley de Educación (LOE) fija diez años de escolaridad obligatoria, los defensores de educar en casa se agarran a la Constitución, que establece la obligación de una educación básica y gratuita, pero en ningún caso menciona la escolarización. También hacen referencia a la Declaración de los Derechos Humanos, que les otorga el derecho a escoger la educación de sus hijos.

Los partidarios de educar en casa consideran que ese es el mejor modo de formar a sus hijos, pero afirman que no están en contra de la escuela. Cuando la casa es la escuela, es la familia la que asume la responsabilidad "integral" de la educación académica/valores, sin delegar ninguna función a profesionales de la educación. "Les enseñamos a aprender a ser y a aprender a vivir en sociedad. No es ningún capricho el que nuestros hijos crezcan en un ambiente positivo. Aprenden a su ritmo, según sus capacidades, y nosotros les acompañamos y ayudamos", explicaba recientemente Silvia Ocaña, de la Associació Educar en Família, ante la comisión de Educación del Parlament de Catalunya.

"Se vive y se enseña a la vez. Preguntas e intereses van surgiendo de forma espontánea. Con la educación en casa los niños aprenden a leer o matemáticas cuando tiene sentido hacerlo, no cuando la edad marca que les toca", sostiene John Holt, uno de los precursores de este movimiento en uno de sus escritos.

Los partidarios de educar en casa afirman que sus hijos son mucho más curiosos y creativos que el alumnado escolarizado de forma ordinaria; que tienen un espíritu crítico más marcado que los otros niños, menos miedo al fracaso y que son más ingeniosos a la hora de resolver situaciones nuevas. No hay ningún análisis fiable independiente que avale tales aseveraciones. Algunos estudios no contrastados señalan que estos niños son más brillantes que el resto del alumnado. Los críticos al sistema rebaten que si dan mejores resultados es porque los controles se han hecho cuando los padres estaban seguros del éxito de sus hijos.

"La escuela no sólo es un lugar de adquisición de conocimientos académicos. La escuela permite estar en contacto con otros niños, contribuye a crear una comunidad de trabajo, enseña a aprender junto a otros determinados valores como la solidaridad, la empatía...", argumenta Miquel Martínez, director del Institut de Ciències de l´Educació de la Universitat de Barcelona. Sin embargo, los defensores de la escuela en casa arguyen que sus hijos no tienen carencias de sociabilización, al contrario.

En cualquier caso, esta práctica sin ser legal tampoco está reconocida en España, por tanto las familias que educan en casa pueden tener problemas. Los servicios sociales de los ayuntamientos son los que deben controlar a los niños que no están escolarizados, pero en algunos casos se esgrimen matrículas de educación a distancia que libran a los padres de una denuncia. De todos modos, las pocas denuncias que han llegado a los tribunales se han saldado con el archivo.

Algunas voces, como el Defensor del Pueblo, han pedido un estudio detallado de la situación y su regularización, lo mismo que los representantes de la Associació Educar en Família en el Parlament. Esta asociación cree que la ley de Educación es la oportunidad para "reconocer una realidad social de Catalunya".

Javier Vidal, director general de Evaluación y Ordenación del Sistema Educativo del Ministerio de Educación, señala que los distintos idearios de los centros permiten escoger diferentes tipos de educación, siempre dentro del marco educativo previsto por la ley, que implica estar en las aulas. "El modelo educativo español está relacionado -salvo unos supuestos excepcionales- con la asistencia a las aulas. Además de la formación académica, existen otros valores educativos y de convivencia que sólo se adquieren allí".

Vacío legal ante algo no previsto

En España la educación en casa sólo está prevista en caso de enfermedad, vida itinerante o residencia en el extranjero. Javier Vidal, director general de Evaluación y Ordenación del Sistema Educativo, explica que la educación en casa "no es la manera en la que este país ha decidido organizar la educación", aunque reconoce que hay un vacío legal.

Opciones para proseguir los estudios

Ante la ausencia de un sistema de evaluación homologable y, sobre todo, oficial, los niños que se educan en casa tienen distintas opciones. Escolarizarse a los 12-13 años, matriculándose en ESO para obtener el título de graduado en secundaria, y seguir, si esa es la opción, los estudios de bachillerato. Otros esperan hasta los 18 años para obtener el graduado en secundaria, en una convocatoria para adultos. También se puede esperar hasta los 25 años para hacer las pruebas de acceso a la universidad. Otra opción es inscribir a los hijos en centros privados, algunos extranjeros, con programas de educación a distancia. Estos centros suelen expender un certificado de estudios que carece de validez legal.

2.000 son las familias que se calcula que hay en España que han optado por educar en familia, aunque no hay un censo oficial. Unas 400 están en la Asociación de Libre Educación (ALE), otras forman parte de la Associació Educar en Família.

Mercé Beltrán

Las preguntas que me invaden al leer estas noticias son: ¿qué está pasando con el concepto de escuela? ¿A quién corresponde educar? ¿A quién corresponde reestructurar el sistema educativo? ¿Por qué las reestructuraciones realizadas hasta el momento no están teniendo éxito a todos los niveles? ¿Qué falla?

martes, 9 de septiembre de 2008

El trabajo puede esperar, mi hijo no

REPORTAJE: MUJERES


El trabajo puede esperar, mi hijo no

Quedarse en casa hasta que el bebé cumple un año, tendencia creciente entre las españolas
LOLA GALÁN 06/05/2007

El mundo cambió cuando los ojos de Eider Pacheco se enfrentaron por primera vez a los de su hija, en una sala de partos del hospital Virgen del Camino, de Pamplona. "Cuando vi a Iris estalló mi instinto maternal. Desde entonces no me he separado de ella. Fue un enamoramiento total". Han pasado tres años y la relación no ha cambiado. Eider ha cumplido 29 años, y no ha recuperado su puesto de médico residente en el hospital pamplonés, abandonado al nacer Iris. Los tres viven ahora con el sueldo de MIR del marido. "Mi trabajo no era conciliable con cuidar a mi hija", dice Eider, sentada en una cafetería de Pamplona.

La conciliación no es imposible

Son treintañeras que no quieren condenar a sus bebés a largas jornadas en las guarderías
Pedrosa, maestra y madre de dos hijos, niega que el mercado sea la medida de la realización personal
La socióloga Isabel Aler recuerda que el bebé humano nace inmaduro. Hay que prolongar la crianza.
La abogada Marta Puchol defiende una baja maternal de 18 meses, como en Suecia y Finlandia
Nuria López, asesora fiscal por cuenta propia, tuvo que reincorporarse al mes de nacer su hijo
Una decisión extrema que hace cinco años, cuando nació su primer hijo, le hubiera resultado incomprensible a Lide Azkue, traductora de Markina (Bilbao). Su trabajo le gusta, y apenas terminada la baja maternal volvió a sus traducciones. Era lo mismo que había hecho su madre al nacer ella, hace 34 años. Pero algo cambió en su segundo embarazo. "Empecé a leer cosas sobre crianza natural, a contactar con foros en Internet, y me di cuenta de que lo que quería era estar con mi hijo mientras fuera pequeño. El tiempo se pasa volando".

Ahora se dedica en cuerpo y alma a su bebé de nueve meses. "Pedí una excedencia de un año, y la voy a prolongar". Como Eider y Lide, cada vez más mujeres que, enfrentadas a la difícil tarea de compaginar el cuidado de los hijos con la profesión, y siempre que se lo permita su situación económica, optan por pedir una excedencia, acogerse a jornadas reducidas y, en menor medida, renuncian a su puesto, convencidas de que el trabajo puede esperar. "Nos han vendido un falso feminismo de supermujeres. El trabajo en el mercado laboral no equivale tampoco a la realización personal", dice Aiona Pedrosa, de 30 años, maestra en el Maresme, cerca de Barcelona, y madre de dos hijos, de tres años y nueve meses, criados con excedencias y jornadas reducidas.
Elena Ferrer, diseñadora gráfica, de 40 años, opina, no obstante, que son decisiones muy personales. "Cada mujer tiene que escuchar su corazón y saber lo que quiere hacer". Ella escuchó el suyo y, al cerrar la agencia de publicidad donde trabajaba, optó por hacerse autónoma para atender mejor a su hijo pequeño, el cuarto, de dos años. "Un ser humano necesita apego para desapegarse después. Los niños son más independientes cuando han sido criados con más proximidad", dice.

¿Estamos ante un retroceso en la batalla por la equiparación de sexos defendida por el feminismo? ¿Están tirando las mujeres la toalla ante las dificultades de la conciliación? No exactamente, opina la socióloga Isabel Aler. "Las feministas teníamos que recuperar nuestra dignidad. Las mujeres de hoy ya no tienen que luchar por ella".
Por eso, Eider, Lide, Elena y Aiona representan una nueva tendencia que se abre paso entre las treintañeras, apasionadas defensoras de la lactancia materna, dispuestas a buscar alternativas al modelo productivo que condena a los bebés a largas jornadas en las guarderías.
Los casos enunciados pueden parecer excepcionales, pero lo son cada vez menos habida cuenta de que, según una reciente encuesta del CSIC, realizada sobre una muestra de casi 10.000 mujeres, más de la mitad confesaba que la maternidad es vista como un obstáculo en el ámbito laboral. Por eso, casi un tercio había optado por la excedencia al nacer su bebé, otro porcentaje similar tenía jornada reducida y un 17% había abandonado simple y llanamente su trabajo.
El péndulo de la historia que llevó a las españolas a optar por el mínimo de hijos, cuando no a renunciar a la maternidad para entregarse en cuerpo y alma a su profesión, parece desplazarse ahora en sentido contrario. Algo que empieza a reflejarse tenuemente en los índices de natalidad, que cayeron en picado entre 1975 y 2005, pasando de 3,2 hijos por mujer fértil a 1,3 hasta hace bien poco, cuando el empuje de las inmigrantes lo ha colocado en el 1,6. Las encuestas del INE reflejan, con todo, que las españolas querrían tener más hijos.

Ese deseo se ve frustrado por las dificultades de parir y criar a los hijos cuando se está inmersa en el mercado laboral. "La baja maternal es demasiado corta. Tendría que durar 18 meses como en Finlandia y Noruega", dice Marta Puchol, de 35 años y madre de un niño de cinco años y una niña de 10 meses. El descanso maternal nórdico, o las medidas que acaba de aprobar Alemania, que permiten a los padres interrumpir el trabajo durante 14 meses (12 meses la madre y dos meses el padre) cobrando un 67% de su salario, son un sueño imposible hoy por hoy en España, donde ni siquiera todas las mujeres pueden disfrutar de las 16 semanas de baja maternal legal.
Es una lista que encabezan profesionales autónomas como Nuria López, asesora fiscal, de 33 años, con un bebé de siete meses. Nuria tuvo que volver al trabajo al mes de nacer su pequeño Teo, todavía con muchas molestias posparto. "Si a un cliente no le hago la declaración de gastos cada trimestre, me quedo sin trabajo", argumenta. "Además, el sueldo que recibes durante la baja es ridículo, porque te pagan de acuerdo con la base de la cotización, y todo el mundo contribuye con el mínimo. Normal, porque incluso si se cotizara al máximo, el dinero que te dan es muy poco. En mi caso, unos 400 euros al mes".

También la abogada Marta Puchol, afiliada a la mutua de su colegio profesional, conoce la dura experiencia de regresar al despacho al poco de parir. "Somos cinco abogados en mi bufete y me necesitaban". Le ocurrió con su primer hijo, Diego, y con la pequeña Violeta, que no para de moverse en los brazos de su madre durante la entrevista. Al hijo mayor acabó por llevarlo a la guardería a los cinco meses. "Sólo por las mañanas. Pero fue muy duro". Con Violeta ha optado por contratar a una chica. En total, un gasto de unos 900 euros al mes. "A veces me pregunto si tiene sentido pagar a un extraño para que críe a mis hijos", dice.
La profesora de sociología de la Universidad de Sevilla Isabel Aler cree que no. Que esta sociedad es suicida en su tratamiento de un tema crucial: el cuidado de los bebés, los ciudadanos del mañana. No se cansa de recordar que la cría humana nace mucho más inmadura que la de otros mamíferos, porque la posición bípeda ocasionó un estrechamiento de la cavidad vaginal de las hembras que ha acortado el desarrollo intrauterino. "Por eso hay que prolongar la crianza, casi como una especie de gestación externa". Elena Ferrer y Aiona Pedrosa están completamente de acuerdo. Y lo proclaman en Internet, en la página www.criarconelcorazón.org. Consideran que la baja maternal debería ampliarse al menos hasta los seis meses, "periodo de lactancia materna exclusiva que recomiendan los especialistas", dice Elena, que vive cerca de Alicante.
Las restantes medidas, desde la reducción de jornada a la excedencia, plantean problemas para las mujeres que no quieren perder su independencia económica, y para muchas parejas que no pueden permitirse prescindir de un sueldo. "Se puede renunciar a los gastos superfluos. Muchas veces compramos cosas absurdas", opina la catalana Rosa Sorribas. Madre de dos niñas, decidió hace cuatro años, al perder su trabajo, aprovechar su experiencia como informática para montar una página web (www.crianzanatural.com), desde la que aboga por la lactancia materna. Sorribas anima a las mujeres a no dejarse presionar por la sociedad y las empresas, y a tomarse el tiempo necesario para criar a sus hijos. "Siempre cito a Madeleine Albright, que dejó su carrera para cuidar a sus hijos durante unos años, y luego ha sido secretaria de Estado norteamericana".
Elena Otaola no aspira a tanto, pero es consciente de compartir con Albright el raro privilegio de haber sido promocionada después de su maternidad. Otaola, de 42 años y madre de Elena, que no ha cumplido los tres, reconoce que para Iberdrola -la empresa para la que trabaja- estas medidas de conciliación "son estratégicas". Por eso las empleadas no pierden un céntimo de su sueldo al acogerse a la jornada reducida hasta que el bebé cumple un año.
No todas las compañías que se cuelgan medallas por favorecer la conciliación laboral y familiar las merecen. "Mi empresa tiene hasta una página web dedicada a la mujer y, sin embargo, la que pide una excedencia o una jornada reducida se arriesga a ver retrasada su promoción". Lo cuenta Cristina, nombre supuesto de una ejecutiva de 34 años que reclama anonimato. Ella pidió una excedencia tras nacer su hijo, hace tres años. Ahora, nuevamente embarazada, no ve probable repetir la experiencia. "Cuando me reincorporé, mis antiguos subordinados habían pasado a ser mis jefes. Nada de eso les ha ocurrido a mis compañeros cuando han sido padres. La verdadera conciliación llegará cuando ellos tengan nuestros problemas".
Eider Pacheco no lo ve factible. "Somos muy diferentes. No es igual el papel de madre que el de padre". ¿Y no habrá algo de fundamentalismo en esta revalorización de la crianza natural? "Como monitora de la Liga de la Leche, me limito a ayudar a las mujeres que quieren dar el pecho a sus hijos, ya sea un mes, tres meses o dos años. Pero no digo que las madres que no crían a sus hijos sean peores. No juzgo a nadie", puntualiza Eider. Al contrario. Desde que dejó su carrera para cuidar a su hija de tres años, a la que sigue amamantando, se siente perseguida por miradas inquisitoriales. "Son los demás los que me juzgan a mí".
La conciliación no es imposible.

PESE A LOS MUCHOS PROBLEMAS que todavía plantea la conciliación de vida familiar y laboral, algo está cambiando. Y son cada vez más las empresas que se marcan objetivos ambiciosos, por delante de la legislación, incluso. Eso al menos ha detectado Roberto Martínez, director del área de empresas de la Fundación +Familia, que otorga desde 2005 un certificado de empresas familiarmente responsables. Hasta el momento lo han recibido 17 compañías, a las que se sumarán pronto otras 30. Obtener este certificado no es fácil, porque la fundación exige el cumplimiento de siete grupos de condiciones que van desde las que permiten la flexibilidad en los horarios hasta las que favorecen el cuidado de los hijos. Entre las firmas que representan la avanzadilla en esta materia figuran Mutua Madrileña, Iberdrola, Sanitas y un puñado de empresas más. Y por tímido que sea, el recientemente implantado permiso de paternidad, de dos semanas, que consagra la Ley de Igualdad, refleja una preocupación creciente por el tema. Este mismo temor es compartido en el Banco Santander, que ha optado por atacar el problema desde otro ángulo. "La política de conciliación es prioritaria para el grupo", comenta una portavoz, "porque si es buena, las mujeres no tienen que recurrir a la excedencia". Por eso el modelo Santander pasa por facilitar la vida de sus trabajadoras, con guardería, supermercado y todo tipo de tiendas junto al complejo bancario, además de una gestoría a domicilio, o mejor dicho, a pie de despacho.

¿Y por casa cómo andamos?



¿Llegar a casa cada noche es un desafío? ¿Se convierte en rutina el hecho de enfadarnos una y otra vez con nuestros hijos? ¿Nos invaden las mismas broncas y no encontramos salida? ¿Cómo organizar una dinámica más alentadora? Cuando nos imponemos retos inalcanzables y no logramos colmar nuestras expectativas… sin darnos cuenta, desviamos esas esperanzas hacia los demás, convirtiendo en exigencias desmesuradas lo que posiblemente nosotros mismos no somos capaces de asumir.

Todos esperamos que nuestros hijos respondan a nuestros deseos: Que sean responsables, que estudien, que sean bondadosos, que respondan con amabilidad, que ayuden en casa, que sean solidarios, que sean pulcros, en fin, que sean perfectos. Pero esas expectativas son tan improbables como ridículas, no porque los niños o adolescentes no puedan ser poseedores de estas cualidades, sino porque posiblemente ellos no comparten la importancia que nosotros le otorgamos a cada una de estas supuestas virtudes. Y además porque en muchos casos, nosotros tampoco alcanzamos esos niveles de excelencia, puntualidad o rectitud.

Desviar expectativas personales, generalmente de modo no consciente, significa que esperamos que los demás hagan, comprendan, respondan y accionen según nuestras necesidades. Si nuestra vida es caótica, es posible que nos obsesionemos con el orden en casa, pretendiendo que nuestros hijos nos satisfagan y sobre todo que sientan lo mismo que nosotros: la necesidad de tener todo bajo control. Ese es el inicio del conflicto: ellos “no sienten” la urgencia por tener sus objetos personales en orden, en cambio nosotros “sentimos” que si reina el caos en nuestra casa, ya no podremos superar el desconcierto interno. Claro que todo esto sería más tolerable si comprendiéramos que se trata de necesidades diferentes, no de falta de respeto de los niños o adolecentes hacia nosotros.

¿Qué podemos hacer para disminuir los enfados innecesarios y para ayudar a crear un clima de convivencia más amable?

En primer lugar, otorguémonos un minuto de silencio. No para convertirlo en un acto sagrado, sino apenas para obtener unos instantes personales y poner nuestros pensamientos en orden. Es impresionante lo que podemos lograr con un solo minuto de silencio: No nos abalanzaremos furiosos sobre lo que el niño o el adolescente han hecho mal. No gritaremos. No liberaremos furias personales. Es decir, observaremos que habrá sido un muy buen primer paso el hecho de calmar nuestra descarga emocional, que es nuestra y que no tiene que ver con lo que los demás hicieron o no.

En segundo lugar, después de habernos tranquilizado y haber entrado en sintonía con nosotros mismos, observémonos y veamos qué vemos. Si estamos molestos, cansados, agobiados, nerviosos o malhumorados. Entonces reconozcamos que eso es lo que nos pasa.
Que nuestra tolerancia está al límite y que quisiéramos ir a dormir y no tener que ocuparnos de nadie.

En tercer lugar, nombremos eso que nos pasa. Podemos explicar con palabras sencillas a los niños o jóvenes que estamos muy cansados, o que tuvimos tal o cual problema, o que tenemos que resolver algunas cuestiones de trabajo o temas familiares pendientes o lo que sea que nos tiene preocupados. Eso nos otorga a todos un panorama sobre cómo están las cosas. Posiblemente el hecho de relatar cómo estamos habilite que otros puedan también contar lo que les pasa. Tal vez uno de los niños tenga una excelente noticia de la escuela, o por el contrario arrastre alguna dificultad difícil de asumir. En ese contexto, donde decimos lo que sucede…todos nos volvemos solidarios. Si la casa está desordenada y nosotros necesitamos cierto orden para sentirnos un poco mejor, podemos hacer ese pedido que seguramente será escuchado porque estamos hablando desde el corazón. Y sobre todo porque los niños también se sienten escuchados, aunque quizás no podamos responder en ese preciso instante a sus requerimientos.

En cuarto lugar, recordemos que quizás hoy no, pero mañana o pasado mañana, o alguna vez, nos corresponderá llegar a casa de buen humor y disponibles para observar a nuestros hijos y reconocer todo lo que ellos sí hicieron a favor de nuestros pedidos. Recordar todas las veces que sí estudiaron, que sí ordenaron, que sí se bañaron sin que les digamos una y otra vez que debían hacerlo. A todos nos gusta ser reconocidos. Está claro que nuestros hijos van a sentirse más reconfortados cuando las palabras de sus padres sean alentadoras y llenas de orgullo.

En quinto lugar, aceptemos aquello que nuestros hijos no toleran en nosotros. Una y otra vez se quejarán de que no los escuchamos, que somos prehistóricos o incluso autoritarios, que no los comprendemos, que no los defendemos, y que el mundo ahora funciona de otra manera. Es evidente que hay aspectos donde nosotros les fallamos a nuestros hijos.

Por último, tengamos en cuenta que si seguimos jugando el juego de “quién tiene razón” (los grandes tenemos razón y por otro lado los niños tenemos razón), constataremos que tener razón no nos sirve para nada. Porque no logramos convivir en armonía. No estamos bien. Dejemos de esperar de nuestros hijos aquello que nosotros mismos no podemos instaurar en nuestra vida cotidiana.

Laura Gutman